Cómo saber que toca regar
La prueba del dedo es lo más fiable que tienes. En macetas pequeñas bastan dos o tres centímetros, en macetas grandes llegas hasta el segundo nudillo. Lo que decide es la tierra a esa profundidad, no la superficie, que junto a un radiador se ve polvorienta al día siguiente de regar.
El peso de la maceta te dice lo mismo sin mancharte. Levántala justo después de un riego a fondo y vuelve a levantarla cuatro o cinco días más tarde. La diferencia se nota de sobra. Después de dos rondas reconoces una maceta seca solo por el peso.
Un palito de madera ayuda en macetas hondas. Clávalo casi hasta el fondo, sácalo y mira si sale tierra oscura pegada. Si la madera sale limpia y clara, el cepellón está seco hasta abajo.
Los medidores de humedad de aguja miden la conductividad del sustrato y reaccionan también a las sales del abono. Como segunda opinión en una maceta alta valen. Como única base para decidir no, porque dos aparatos en la misma maceta suelen marcar cosas distintas.
- Tierra seca a dos o tres centímetros
- La maceta pesa bastante menos que recién regada
- El palito de madera sale limpio del cepellón
- La tierra se separa del borde y el agua se escapa por el lado

Cuánta agua de una vez
Riega a fondo, hasta que salga agua por los agujeros del fondo. Así llega agua a todo el volumen de raíces y de paso se arrastran las sales viejas. Da el agua despacio, por el borde de la maceta y en dos o tres pasadas, para que se empape en lugar de resbalar por la pared interior.
Los sorbitos cada pocos días son el error más repetido. Solo mojan la capa de arriba, las raíces de abajo siguen secas y la planta acaba enraizando hacia la superficie. Mejor menos veces y completo.
A los quince o veinte minutos vacías el plato. Unas raíces que se quedan en el agua no reciben aire y se pudren. Si la planta va dentro de un macetero sin agujero, saca la maceta de cultivo, riégala en el fregadero, deja que escurra y vuelve a colocarla.
Una regadera de pico largo y estrecho facilita el trabajo porque llegas por debajo de las hojas. En plantas de hoja aterciopelada y en rosetas cerradas te interesa mantener el follaje seco de todas formas.

Qué cambia el intervalo entre dos riegos
La luz manda más que cualquier otro factor. La misma planta junto a una ventana clara gasta bastante más agua que tres metros hacia dentro. Cuando cambias una planta de sitio, revisa la tierra más a menudo durante las primeras semanas.
El barro cocido es poroso y evapora agua por la pared, la cerámica esmaltada y el plástico la retienen más tiempo. Una maceta demasiado grande contiene mucha tierra sin raíces dentro, y esa tierra tarda en secarse.
El sustrato hace el resto. Un sustrato muy fino y rico en turba almacena mucha agua, y las mezclas con corteza, perlita o puzolana escurren antes y perdonan una mano generosa.
En invierno el consumo baja porque llega menos luz y muchas plantas casi no crecen. A la vez, el aire de la calefacción seca la superficie más rápido que en verano. Justo entonces la maceta parece seca por arriba y sigue mojada por dentro, así que en invierno compruebas más hondo.
Las plantas recién compradas y las recién trasplantadas todavía no tienen ritmo. Cuenta con unas semanas hasta que el intervalo se asiente y decide cada vez comprobando la tierra.
Regar por arriba, por abajo o por inmersión
Por arriba es lo normal. Reparte el agua de forma uniforme y arrastra los restos de sales fuera del sustrato.
Para regar por abajo llenas el plato, esperas veinte o treinta minutos y tiras lo que sobre. Va bien con la violeta africana y con otras plantas de hoja aterciopelada, donde las gotas dejan manchas. Como así no se lava nada, cada pocos meses das un riego a fondo por arriba.
Un baño por inmersión recupera un cepellón tan seco que ya rechaza el agua. Mete la maceta en un cubo hasta que el agua quede justo por debajo del borde y sácala cuando dejen de subir burbujas. Después deja que escurra del todo, o cambias un problema por el siguiente.

Orquídeas, suculentas y otros casos aparte
En una orquídea mariposa en maceta transparente deciden la corteza y el color de las raíces. Mientras las raíces estén verdes queda agua. Cuando se ven grises plateadas y la corteza está casi seca, riegas. Sumérgela o enjuágala bien, deja escurrir por completo y no dejes agua en el cogollo.
La lengua de suegra, la zamioculca, el árbol de jade y los cactus almacenan agua en hojas, tallos o rizomas. Se riegan a fondo y después se deja secar el sustrato en profundidad. En los meses oscuros les basta con muy poco, y ahí la humedad les hace daño antes que la sequía.
Los helechos y las calateas están en el otro extremo. Su sustrato no debería secarse por completo entre riego y riego, porque responden con los bordes de las hojas secos. Compruébalas más a menudo sin dejar la maceta encharcada.
Las plantas en hidrocultivo o en un vaso de agua siguen otra lógica. Ahí el indicador marca la reserva y el recipiente se vacía a propósito antes de rellenarlo. Una parte de las raíces necesita aire, así que nunca queda todo el volumen radicular bajo el agua.

Qué agua usar
El agua del grifo vale para la mayoría de las plantas de interior. A temperatura ambiente es mejor que recién salida del grifo frío, porque el agua fría frena a las raíces tropicales.
Con agua dura aparecen cercos de cal en la tierra y en la maceta. Reaccionan mal, entre otras, la azalea, la calatea y las plantas carnívoras. Para ellas es mejor agua de lluvia recogida o agua filtrada.
La leche, la cerveza y el agua de cocer con sal no van en la regadera. La leche deja restos en el sustrato que huelen y enmohecen, y la sal del agua de cocción se queda en la tierra. El agua de pasta o de verdura fría y sin sal no hace daño, aunque no sustituye al abono.
Distinguir el exceso de agua de la falta
El exceso se ve en varias hojas amarillas y blandas a la vez, en tierra siempre mojada, en un olor a cerrado que sale de la maceta y en manchas oscuras y blandas en la base del tallo. Deja que el sustrato se seque más y comprueba que la maceta drena de verdad.
La falta de agua tiene otra cara. Las hojas caen lacias y se levantan otra vez después de regar, los bordes se vuelven secos y quebradizos y el cepellón se ha despegado de la pared de la maceta.
Las hojas caídas por sí solas no te dicen nada, porque los dos extremos se parecen. Toca primero la tierra y actúa después.
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Preguntas habituales
¿Cada cuánto se riegan las plantas de interior?
No hay un intervalo que valga para toda una casa, porque la luz, la maceta y el sustrato cambian el consumo. Comprueba la tierra a dos o tres centímetros y riega solo si está seca ahí. En invierno la mayoría tarda bastante más que en verano.
¿Cuándo es mejor regar las plantas de interior?
Por la mañana, para que las hojas mojadas y la superficie se sequen durante el día. Lo que decide de verdad no es la hora sino el estado de la tierra. Evita regar con la maceta a pleno sol de mediodía en verano.
¿Cuánta agua necesita una planta de interior en cada riego?
La suficiente para que salga agua por el fondo de la maceta. Después vacía el plato a los quince o veinte minutos. Las cantidades pequeñas y frecuentes no llegan a las raíces de abajo.
¿Sirven los medidores de humedad para plantas?
Los de aguja miden la conductividad y las sales del abono los alteran, por eso sus valores bailan. En macetas altas sirven como segunda opinión. La prueba del dedo sigue siendo la que decide.
¿Qué plantas de interior necesitan poca agua?
Las que almacenan agua en sus tejidos aguantan más, por ejemplo la lengua de suegra, la zamioculca, el árbol de jade y los cactus. Toleran que el cepellón se seque del todo entre riegos. Regarlas de más les hace más daño que olvidarte una semana.
¿Se pueden regar las plantas con agua de cocer verduras?
Solo si está fría y sin sal. La sal se queda en el sustrato y acaba dañando las raíces. Ese agua tampoco aporta nutrientes suficientes para sustituir a un abono.
Última revisión: 2026-09-07

